sábado, 5 de marzo de 2011

El perfume de la flor de azucena rompe todos los cánones de la escala odorífera provocándome catarsis emocionales

El perfume de esta flor rompe todos los cánones de la escala odorífera provocándome catarsis emocionales, éxtasis prolongados y estancias ininterrumpidas en el monte Tabor de Uclés, donde habito en mis sueños desde la noche de los tiempos. Su penetrante olor fragua en mi mente un cariño evocador hacia las nobles piedras del monasterio, cariño a veces enfermizo hasta el punto de pensar con frecuencia que todo mi ser forma parte de sus cimientos seculares.

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La fascinación por la azucenaacompaña a los seres humanos desde el alba de las civilizaciones por su majestuosidad y blancura, incluso en el templo de Salomón se las representaba en esculturas.

Los griegos la consideraban como un símbolo de ternura, para ellos este lirio blanco, representaba lo puro, el amor virginal y el mundo cristiano.Los romanos usaban las azucenas blancas como hierba medicinal, los españoles también le otorgaron poderes curativos y en la época Medieval, las simbolizaron la sexualidad femenina. En las pinturas renacentistas de carácter religioso, aparecen flores de azucena debido a su asociación con lo impoluto y puro. Conocida en heráldica como flor de lis se convirtió en el emblema de los Capetos y de los reyes galos hasta la Revolución Francesa.
En el Uclés de los años sesenta la capilla del seminario se engalanaba de azucenas en honor a María y los domingos el zaguán principal era un hervidero de emociones infantiles consagradas a la Virgen. Por aquella época el buscador de olores tenía ya afianzada fama de poeta y componía versos en honor de María Inmaculada, para su propia cosecha y de encargo para los colegas profanos en la Ars Poética:
“En tus pies dos azucenas / te adornan y embellecen. / En ti virtudes florecen / y por ti se quitan las penas. /Si alguien osase decir / que no eres Inmaculada / su lengua fuese cortada / y su cuerpo debiera morir. / Ayúdanos Virgen María, / sobre ti nos acogeremos / y tu nombre imploraremos ,/ ahora y por siempre, Madre mía.”
Mayo irrumpía con fuerza en nuestras vidas, los paseos por la alameda, las visitas prohibidas a la huerta a la caza de alguna lechuga trasnochada, las incursiones cangrejeras por el río Bedija y sobre todo el perfume del aire primaveral que inundaba tránsitos y claustros, hasta empaparnos de ilusión por la anunciada llegada de las vacaciones de verano.
El ya renombrado Dr. en Cirugía José Jacobo Plenk dice que las azucenas tienen virtud estornutatoria, siendo su sabor más amargo y acre cuando están frescas que cuando están secas. Los bulbos, cocidos al rescoldo o hervidos con agua o leche, son muy emolientes madurativos.Aplicados sobre un calloo sobre cualquier callosidad, producen una rápida madurez. Para esto, se renueva cada hora el bulbo cocido. Es infalible contra los abscesos, panadizos, furúnculos y espinillas; puestas en remojo en aguardiente durante 6 horas, por lo menos, curan también los desgarros y contusiones. Con los pétalos de azucena se prepara, por maceración en aceite de almendras o de olivas, un nuevo aceite que se emplea como calmante en los dolores de oído y contra las grietas mamarias.

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